Indígenas y habitantes de la Huasteca potosina protestaron contra el fracking, alertando sobre sus riesgos ambientales y sociales.
Decenas de personas se reunieron en el ejido Nacimiento, en Huehuetlán, San Luis Potosí, para manifestarse en contra de la fractura hidráulica, una técnica usada para extraer gas natural que, según los manifestantes, amenaza los recursos naturales y la biodiversidad de la región. Bajo consignas como “¡La Huasteca no está en venta!” y “¡El agua no se negocia!”, los asistentes expresaron su preocupación por la posible contaminación y el agotamiento de ríos, manantiales y tierras agrícolas.
La protesta se desarrolló en un contexto de creciente resistencia social frente a proyectos extractivos que ponen en riesgo ecosistemas frágiles y el modo de vida de comunidades indígenas y rurales. La Huasteca potosina, conocida por su riqueza natural y cultural, ha sido escenario de debates sobre sostenibilidad y derechos territoriales, en línea con preocupaciones globales sobre la protección del agua y el medio ambiente, fundamentales para el desarrollo humano según organismos como la UNESCO.
Durante la jornada, que incluyó el quinto foro regional contra el fracking, participaron grupos de danza tradicional, músicos huapangueros y representantes comunitarios, quienes llamaron a las autoridades federales a cumplir sus compromisos de proteger el agua y la vida. En un mensaje dirigido a la presidenta Claudia Sheinbaum, exigieron respeto hacia las promesas de no traicionar a las comunidades ni permitir daños irreversibles.
Ximena Cabrera, Señorita San Luis Potosí 2026, se sumó a las críticas, recordando que no existe un fracking “amigable con el medio ambiente”. Señaló que esta práctica ha generado problemas de salud y sismos en otras regiones, lo que aumenta la incertidumbre sobre sus impactos. Su intervención reflejó la creciente movilización de ciudadanos y expertos que exigen regulaciones más estrictas y la protección de los recursos hídricos, esenciales para la vida y el bienestar comunitario.
La fractura hidráulica es una técnica controvertida a nivel mundial por su potencial para contaminar acuíferos y alterar ecosistemas, un tema que ha sido discutido en foros internacionales como los de la ONU y la Organización Mundial de la Salud. En México, la expansión de esta práctica enfrenta la oposición de comunidades indígenas que defienden su territorio y buscan preservar su patrimonio natural.
Este rechazo en la Huasteca potosina refleja un debate más amplio sobre el modelo energético y la necesidad de equilibrar el desarrollo económico con la conservación ambiental y el respeto a los derechos humanos, un desafío que el país y el mundo afrontan en el contexto del cambio climático y la crisis ambiental global.
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