Semáforo en Morones Prieto mantiene congestión tras más de 36 años
El cruce en la avenida Morones Prieto, en Monterrey, sigue causando severos problemas de tráfico a pesar de múltiples intentos por mejorar la circulación.
Desde finales de los años 80, el semáforo ubicado en la intersección con la calle España ha sido motivo de controversia y frustración para miles de conductores. Instalado durante la administración del entonces alcalde Sócrates Rizzo, el dispositivo buscaba beneficiar a los vecinos de la colonia Del Carmen, donde residía el funcionario, pero con el paso del tiempo se convirtió en un cuello de botella que afecta principalmente a quienes transitan desde San Pedro y Santa Catarina hacia el centro de Monterrey.
El congestionamiento diario se extiende hasta el Puente Miravalle, a más de un kilómetro del semáforo, y en ocasiones alcanza el Puente Atirantado, a más de dos kilómetros. Esta situación obliga a los conductores a enfrentar largas filas en horas pico, lo que genera críticas sobre la planificación vial y el uso de la infraestructura pública. “No es posible que se use un semáforo solo para beneficio de algunos, cuando todos los demás nos debemos detener”, lamenta Joel Estrada, quien atraviesa esa zona para llegar a su trabajo.
Para mitigar el problema, el municipio ha optado por la intervención manual de agentes de Movilidad y Tránsito, quienes regulan la duración de las luces en horas de mayor afluencia. Sin embargo, esta medida temporal no ha logrado resolver el aumento progresivo del parque vehicular ni el impacto negativo en la movilidad urbana.
En 2016, una iniciativa ciudadana logró reunir más de 6 mil firmas para exigir la remoción del semáforo, mientras que el sector de la construcción propuso financiar la creación de un retorno que fue descartado por las autoridades. Además, el municipio de San Pedro construyó un retorno elevado en el Puente Miravalle, aunque esta obra no alivió el congestionamiento en Morones Prieto.
En ese mismo año, se anunció la instalación de un semáforo inteligente con sensores dinámicos para ajustar los tiempos de espera, pero la tecnología no se aplicó o no funcionó como se esperaba. A pesar de que otras urbes en México y el mundo han implementado sistemas similares con éxito, el llamado “semáforo Rizzo” continúa siendo un obstáculo para el flujo vehicular y un símbolo de la falta de soluciones efectivas en la gestión del tránsito regiomontano.
Este caso refleja un problema más amplio en la planificación urbana de Monterrey, donde el crecimiento acelerado y la expansión del parque vehicular superan la capacidad de la infraestructura vial. El semáforo en Morones Prieto se ha convertido en un recordatorio de decisiones pasadas que aún afectan la calidad de vida de miles de personas y la eficiencia del transporte en una de las ciudades más importantes de México.
Para entender mejor el reto que representa la movilidad en Monterrey, es relevante considerar los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) que evidencian el crecimiento demográfico y vehicular en la zona metropolitana. Además, organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) subrayan la importancia de estrategias integrales para mejorar la movilidad urbana y reducir el impacto ambiental y social de los embotellamientos.
La persistencia de este problema pone en relieve la necesidad de revisar las políticas públicas y priorizar soluciones tecnológicas y de infraestructura que respondan a las demandas actuales, evitando que decisiones tomadas hace décadas sigan condicionando la vida diaria de Monterrey.
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