Francisco Téllez recibe la Medalla Bellas Artes 2026 por su impulso al jazz en México
El pianista y compositor destaca la necesidad de abrir más espacios para el desarrollo del jazz en el país.
Francisco Téllez, pionero y figura clave en la profesionalización del jazz en México, recibirá hoy la Medalla Bellas Artes 2026 en la disciplina de música. Fundador del Cuarteto Mexicano de Jazz y docente desde 1968, Téllez ha sido testigo y artífice de la transformación de este género en el país, que hoy enfrenta nuevos retos para consolidarse y expandirse.
Para Téllez, el jazz mexicano vive un momento prometedor, aunque insiste en la urgencia de crear más espacios físicos y mediáticos para que el público pueda apreciarlo plenamente. Esa apertura, dice, es fundamental para que la comunidad jazzística continúe creciendo y renovándose. “Hemos luchado años para que esta música sea valorada”, señala, recordando que al inicio de su carrera la enseñanza del jazz era prácticamente inexistente en las escuelas de música tradicionales, donde predominaba la música de concierto y se marginaba cualquier otra expresión.
Su experiencia en la Escuela Superior de Música (ESM) refleja esa evolución. Allí impartió el primer taller de jazz y participó en la creación de una licenciatura que ahora forma a numerosos músicos. “Antes no había escuelas que dieran esos cursos en México, ahora es raro un conservatorio que no tenga clases de jazz”, apunta, destacando que la pedagogía especializada ha sido clave para profesionalizar el género.
El jazz, nacido en contextos tan diversos como iglesias y bares, comparte con la música clásica una esencia fundamental: la improvisación. Para Téllez, grandes compositores como Beethoven y Bach también fueron improvisadores, y esa libertad creativa es la columna vertebral del jazz. “Los músicos de jazz somos todos compositores porque creamos en el momento”, explica, subrayando la interacción con el público como parte esencial de la experiencia musical.
Preguntado sobre la existencia de un jazz mexicano, Téllez defiende una identidad propia que se nutre de influencias ancestrales, particularmente africanas, presentes en México desde antes que en Estados Unidos. Cita al antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán para enfatizar esa raíz y sostiene que el jazz mexicano se caracteriza por su flexibilidad y capacidad de adaptación. “No hay error, lo componemos en el momento”, dice, anticipando que en el futuro el género será cada vez más mexicano, pese a las críticas que en el pasado enfrentó por no encajar en estereotipos culturales.
Las influencias de Téllez provienen de encuentros directos con figuras emblemáticas del jazz. Durante la Olimpiada Cultural de 1968 en la Ciudad de México pudo escuchar a Thelonious Monk, Duke Ellington, John Lewis y Dave Brubeck, entre otros. Más adelante asistió a presentaciones de Charles Mingus y Bill Evans en la Sala Nezahualcóyotl. Estas experiencias marcaron su formación y su estilo, junto a la inspiración de referentes históricos como Miles Davis y Charlie Parker.
Con más de 6 mil composiciones, Téllez ha dedicado gran parte de su vida a crear música, algunas de las cuales recoge en su disco “Booper’s de la calle” (2024), dedicado a jóvenes músicos que encontró tocando en las calles de Coyoacán por falta de espacios adecuados. La precariedad para la difusión del jazz persiste, agravada por la desaparición de formatos físicos y la precariedad económica que representa la reproducción en plataformas digitales, donde la remuneración por reproducción es mínima.
Además, critica la saturación de la radio con música comercial y la falta de diversidad en los medios, que debería democratizarse para incluir desde música clásica hasta folclore y jazz. En un mundo cada vez más influido por la inteligencia artificial, donde se generan melodías y arreglos con facilidad, Téllez advierte que la esencia humana y creativa del jazz debe preservarse y valorarse.
Aunque jubilado, continúa activo y planea interpretar hoy en la ceremonia de entrega de la medalla, en el Palacio de Bellas Artes, una de sus composiciones titulada “Mar adentro”. Su trayectoria y visión reflejan no solo el pasado y presente del jazz mexicano, sino también un compromiso con su futuro.
El jazz en México ha atravesado décadas de marginalización para consolidarse como un género respetado y en crecimiento. El reconocimiento a Francisco Téllez destaca el papel de la educación musical en ese proceso, así como la necesidad de políticas culturales que fortalezcan la presencia del jazz en espacios públicos y medios de comunicación. Este género, que combina tradición, improvisación y diversidad cultural, sigue abriéndose camino en la riqueza musical de México.
Para conocer más sobre la evolución de la educación musical en México, puede consultarse la información de la Secretaría de Cultura y de la UNESCO sobre patrimonio cultural intangible. También resulta útil revisar estudios sobre la población afrodescendiente en México, como los de Gonzalo Aguirre Beltrán, para entender las raíces del jazz mexicano.
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