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Fútbol mexicano: crisis y dispersión en derechos de transmisión

by Diario del Norte
Fútbol mexicano: crisis y dispersión en derechos de transmisión

Fragmentación de derechos de transmisión refleja crisis en el fútbol mexicano

La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) enfrenta una profunda crisis financiera que ha derivado en la fragmentación de los derechos de transmisión de la Selección Nacional, una estrategia impulsada para obtener ingresos urgentes. En un mercado cada vez más competitivo, Amazon Prime y Claro Sport se suman a la tradicional dupla Televisa-Univisión, repartiendo la transmisión de partidos sin exclusividad y diluyendo el valor económico que antes concentraba un solo jugador.

El próximo 26 de septiembre, cuando Rafael Márquez debute como director técnico del Tri, el panorama será distinto. Amazon Prime adquirió un contrato para transmitir 38 partidos hasta 2030, mientras que Claro Sport, plataforma ligada a Carlos Slim, firmó por 76 encuentros hasta 2034. Paralelamente, Televisa y Univisión mantendrán su participación, aunque bajo condiciones más flexibles y menos lucrativas, pues el modelo abierto busca atraer más ofertas ante la apremiante necesidad de recursos.

Esta dispersión ocurre en un contexto marcado por acusaciones de corrupción contra Televisa y su filial Mountrigi, señaladas de sobornos para asegurar los derechos de transmisión de cuatro Mundiales consecutivos, desde 2018 hasta 2030. Como consecuencia, Concacaf ha excluido a esta empresa de algunas de sus licitaciones, otorgando a Netflix los derechos de la Copa Oro 2027 y 2029, así como las finales de la Liga de Naciones. La próxima edición de la Copa Oro, que se jugará en Estados Unidos y México, ejemplifica esta paradoja: aunque México aportará estadios renovados, como el Azteca, las ganancias por la transmisión quedarán en manos de Netflix.

Frente a este escenario, la FMF y Televisa han intentado recuperar terreno con la compra de derechos para la Copa Libertadores y la Sudamericana, en un intento por reinsertar al fútbol mexicano en torneos sudamericanos. Sin embargo, tanto Concacaf como FIFA han rechazado la inclusión de clubes mexicanos y la Selección en estas competencias, lo que limita las aspiraciones de expansión y mercado.

La situación recuerda tiempos en que México competía regularmente en torneos de Conmebol, donde alcanzó dos subcampeonatos en la Copa América (1993 y 2001) y clubes como Cruz Azul, Chivas y Tigres disputaron finales en la Copa Libertadores. La salida de México de estas competencias en 2016 se vinculó, según antiguos directivos, a la pérdida de los derechos de transmisión por parte de Televisa, además de la creciente influencia de Soccer United Marketing (SUM) en Estados Unidos, que ha dominado la explotación comercial de los partidos.

La crisis no solo afecta a los negocios, sino que también repercute en la relación con la afición. Durante el Mundial pasado, los precios elevados excluyeron a buena parte del público de los estadios, y a pesar de que los seguidores lograron llenar plazas en todo el país, las ganancias no se tradujeron en mejoras para ellos. La comercialización de la pasión futbolística se ha convertido en un negocio que prioriza intereses económicos por encima del sentimiento popular.

En este contexto, persiste la polémica por la suspensión del ascenso y descenso en la Liga MX, una medida que ha sido criticada y que ahora enfrenta un recurso legal presentado ante el Poder Judicial de la Federación por un despacho jurídico de Zacatecas. La FMF, acusada de proteger la mediocridad, enfrenta la creciente indignación de clubes y seguidores, especialmente en el caso de Santos Laguna. El equipo, que acumula cinco derrotas consecutivas, ha visto cómo su afición ha pasado de la frustración a la protesta abierta contra su presidente, Alejandro Irarragorri, principal promotor de la eliminación del descenso y vinculado al mantenimiento de contratos con Televisa.

El fútbol mexicano se encuentra en un momento crítico donde la urgencia económica, las disputas por los derechos de transmisión y la desconexión con la base social amenazan la estabilidad y el crecimiento del deporte. La afición demanda cambios que van más allá de los contratos millonarios y esperan un retorno a la competencia justa y a la accesibilidad, elementos clave para revitalizar la pasión y la identidad del Tri y sus clubes.

La tensión actual refleja una lucha entre intereses comerciales y la esencia deportiva. Mientras el negocio de la transmisión se expande y diversifica, la necesidad de recuperar la confianza de los seguidores y garantizar la competitividad del fútbol mexicano se vuelve una prioridad ineludible.

Para comprender mejor el contexto, es importante señalar que la FMF opera dentro de un ecosistema global regulado por organismos como la FIFA y Concacaf, que han intensificado el control sobre la transparencia y la asignación de derechos. Además, la creciente influencia de plataformas digitales en la transmisión deportiva reconfigura el mercado, obligando a los actores tradicionales a adaptarse o perder terreno. En México, donde el fútbol es un fenómeno cultural de gran impacto, la gestión de estos derechos no solo afecta a las empresas involucradas, sino también al acceso y disfrute de millones de aficionados. Más información sobre la FMF y sus actividades se puede consultar en gob.mx y en la página oficial de la FIFA.

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