Niñas y niños desplazados por la violencia en Sinaloa encuentran en el arte un espacio de resistencia y esperanza
La guerra entre grupos criminales en la sierra de Concordia, Sinaloa, ha obligado a miles de familias a abandonar sus hogares, dejando atrás escuelas, pertenencias y una infancia arrebatada por el miedo y la incertidumbre.
Valentín tiene ocho años y es uno de los miles de niños que han experimentado el desplazamiento forzado en la sierra de Concordia, una región montañosa del sur de Sinaloa que desde septiembre de 2024 vive una escalada de violencia entre facciones rivales del antiguo Cártel de Sinaloa. Su casa, un lugar rodeado de pinos y montañas, quedó en medio de un conflicto en el que perdió a su padre, asesinado en un ataque inesperado. Ahora, junto a su madre y dos hermanos, enfrenta la difícil decisión de regresar a un pueblo marcado por la inseguridad o enfrentar la precariedad en las periferias urbanas de Mazatlán.
Desde el inicio de esta “narcoguerra”, más de 2 mil familias han sido desplazadas en Sinaloa, según datos oficiales de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable del estado. Concordia, con poco más de 24 mil habitantes, es uno de los municipios más afectados, donde la violencia ha cerrado escuelas, bloqueado caminos y dejado a comunidades enteras bajo el control de grupos armados. Solo en este territorio, 640 familias han abandonado sus localidades, un éxodo que afecta a cerca de 9 mil personas, de las cuales aproximadamente un cuarto son niños y adolescentes.
La escalada no es nueva. Desde 2017, la región ha vivido episodios similares de violencia que han dejado huellas profundas en la población, especialmente en la infancia. Para los niños desplazados, el impacto va más allá de la pérdida material; se traduce en duelos complejos, ansiedad y trastornos que dificultan su desarrollo y aprendizaje. La psicóloga Edith Robles Arredondo señala que para muchos, dejar atrás sus juguetes y animales es un duelo tan intenso como para un adulto perder tierras o ganado. Además, los síntomas de estrés postraumático, insomnio y depresión son comunes en estos contextos de violencia.
Ante el vacío institucional, colectivos feministas de Mazatlán, como Periferia Subversiva y Perlas del Pacífico, han creado la Brigada de Salud Comunitaria para atender las necesidades médicas y emocionales de las comunidades afectadas. Entre agosto y noviembre de 2025, voluntarios subieron en caravanas a localidades como Chirimoyos, La Petaca y El Cuatantal, llevando no solo atención médica sino también espacios dedicados a niñas, niños y adolescentes. Talleres de arte, cine comunitario, danza, lectura y observación de la naturaleza se convirtieron en refugios temporales que permitieron a los menores reconectar con su creatividad y esperanza.
La maestra Dalia Morales, quien imparte talleres de cuentacuentos, destaca que la lectura y el dibujo son puentes para que los niños imaginen otros mundos posibles, un respiro en medio del miedo constante. Sin embargo, las escuelas permanecen en gran medida cerradas o con clases irregulares debido a los enfrentamientos y al control de las carreteras por parte de la delincuencia organizada. Padres y docentes relatan que acudir a las comunidades es una tarea arriesgada que exige precauciones extremas para evitar ser confundidos con enemigos.
Para muchos adolescentes, la amenaza es aún más directa; el temor a ser reclutados o secuestrados por grupos criminales condiciona su vida cotidiana. En este contexto, la Brigada de Salud Comunitaria ha ofrecido acompañamiento psicológico a niños, jóvenes y adultos, atendiendo a 46 pacientes durante sus intervenciones.
El cine comunitario, coordinado por el colectivo Les Abonades desde Mazatlán, ha sido otra herramienta para que los niños narren sus propias historias y recuperen la voz en medio del silencio impuesto por la violencia. Miguelito, un niño de 12 años, ha aprendido a manejar la cámara para documentar su entorno y expresar sus vivencias, mientras otros participantes del taller usan la imagen y el sonido para construir narrativas de resistencia.
Además, talleres como “Bichos”, impartido por el biólogo Eduardo Quintero, han permitido a los niños reconectarse con la biodiversidad local y el territorio que han perdido, fomentando el arraigo y el conocimiento de su entorno, un aspecto fundamental para su identidad y futuro. La región es rica en especies endémicas y ecosistemas valiosos, pero la inseguridad limita el acceso libre a estos espacios naturales.
A pesar de los logros alcanzados por estas iniciativas comunitarias, la violencia persiste y ha obligado a suspender las brigadas. Las organizaciones insisten en la necesidad de que el Estado reconozca y atienda esta crisis humanitaria que afecta a miles de personas, especialmente a la niñez, cuyos derechos a la educación, salud y protección están siendo vulnerados. Actualmente, la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa asegura que no hay escuelas cerradas, pero testimonios de docentes y familias evidencian la irregularidad y peligro que enfrentan para acceder a la educación.
El desplazamiento forzado en Sinaloa es parte de un fenómeno global que afecta a millones de menores, quienes según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) constituyen cerca del 40% de la población desplazada en el mundo. Estos niños y adolescentes enfrentan riesgos como la desescolarización, el reclutamiento forzado y la violencia, por lo que requieren protección especial conforme a los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre desplazamientos internos.
Para quienes participan en la Brigada de Salud Comunitaria, la solidaridad y la organización colectiva son fundamentales para resistir ante la omisión estatal. “Queremos que el gobierno voltee a ver estas comunidades, que ofrezca seguimiento y alternativas”, ha señalado Rita Tirado, coordinadora del proyecto. Mientras tanto, la danza, la literatura y el cine se mantienen como refugios donde la infancia desplazada puede soñar con un futuro distinto, lejos del ruido de los drones y el estruendo de la guerra.
El caso de Concordia revela no solo la tragedia de un conflicto armado que fragmenta comunidades sino también la capacidad de resistencia y esperanza que el arte puede generar en las infancias desplazadas. La violencia limita su presente, pero la imaginación sigue siendo su espacio libre, un gesto de rebeldía y futuro que reclama atención urgente.
Este reportaje forma parte del proyecto “Desplazamiento forzado, una herida sin sanar en México”. Para más información sobre desplazamiento interno y derechos humanos, se recomienda consultar los recursos de la ONU y la UNESCO. Además, la Secretaría de Bienestar de México ofrece datos oficiales sobre población desplazada y programas de atención.
El desplazamiento forzado por la violencia narco en Sinaloa refleja un fenómeno que enlaza la inseguridad con la vulnerabilidad de la infancia, un desafío complejo que requiere respuestas integrales y compromiso institucional para garantizar el derecho a una vida libre de miedo y a la posibilidad de construir futuros dignos.
Image Source: https://laverdadjuarez.com/2026/03/03/el-refugio-de-la-imaginacion-el-arte-como-trinchera-para-la-ninez-desplazada-en-sinaloa/